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Inyección de fe y alegría

Por: Lilliam Irizarry para El Nuevo Día 

Aunque apenas la conocía, a Paul Lavergne le bastaron unos minutos para percibir “el aura” de la Nueva Escuela Juan Ponce de León del barrio Juan Domingo de Guaynabo y decidirse a ser parte de lo que hoy llaman allí “el milagro”.

Tan pronto llegó a la primera escuela pública que tiene como proyecto educativo el modelo Montessoriano -que visualiza la educación como una preparación para la vida-, Lavergne comprendió que otra sociedad es posible.

“Me llené de un aura bien bonita, me enamoré, y a las dos semanas ya teníamos empleados allí aportando”, expresa el ingeniero civil sobre el “ambiente” -el espacio que en cualquier otra escuela sería llamado salón de clase- que ayudó a construir durante el receso de verano con la ayuda voluntaria de 10 compañías relacionadas al mundo de la construcción.

Del lamento a la obra

Cada bloque, cada ventana, cada losa, cada todo de ese ambiente donde hoy ríen y aprenden estudiantes de nivel intermedio fue donado por gente que dejó a un lado los lamentos por la crisis económica y se atrevió a soñar junto a una comunidad escolar comprometida con la formación de seres de paz, responsables e independientes.

Lavergne destaca que las muchas manos que se unieron al esfuerzo parecían estar esperando una oportunidad para ayudar. “Yo estaba positivo pero preocupado por los tiempos difíciles que todos estamos viviendo, pero nadie dijo que no”.

El Presidente de QB Construction sostiene que lo que hizo estaba dentro de sus posibilidades, capacidades y recursos, pero reconoce que ha sido transformado por la experiencia.

“Me ha abierto una puerta, me ha mostrado una luz, me ha despertado un ‘sí se puede’, y hay la gente y los recursos para lograrlo”, afirma.

Contagio multiplicado

Lavergne no es el único trastocado por este acto de solidaridad. “Esto ha sido una inyección inmediata de entusiasmo, alegría, fe y autonomía. Empieza la gente a contagiarse y tiene un efecto multiplicador”, afirma Ana María García Blanco, directora de la Fundación Nueva Escuela para Puerto Rico, nominada este año al Premio Solidaridad de la Miranda Foundation.

La Fundación Nueva Escuela es una organización sin fines de lucro que brinda apoyo económico y profesional a la Nueva Escuela Juan Ponce de León para que pueda cumplir su tarea de educar para la paz y la excelencia.

La Fundación también brinda apoyo al Instituto Nueva Escuela, que ya trabaja en la multiplicación de ese modelo educativo en al menos otros 20 planteles públicos de la Isla.

Para García Blanco, actos solidarios como el de Lavergne y sus aliados se logran “cuando la gente se convence de que la educación es la alternativa para la encerrona social y económica en que nos encontramos”.

El ingeniero de 41 años, mientras, dice que ahora se siente “más lleno de esperanza en los niños” y con el deseo de seguir aportando de una forma más activa.

“Ellos creen que sacaron algo de mí, pero yo saqué más de ellos. Recibí la felicidad emocional de sentir, por primera vez, que estoy aportando algo más que un cheque o donativo”, añade sentado frente a sus dos nuevos tesoros: la foto de los estudiantes sonrientes frente al “milagro” y la postal en la que los alumnos le expresan: “Gracias por creer y soñar. Junto a ustedes, la paz es posible”.

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