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De las matemáticas a la panadería artesanal

Quien ve a José Rodríguez manejando su negocio de panes artesanales en Aguadilla, no se imagina que alguna vez el hoy empresario durmió en la calle y temió por su vida.
José fue un joven talentoso que llegó a estudiar matemáticas puras en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. De esos años rememora: “Me empecé a descarrilar en escuela superior. Pero cuando llegué a la universidad me perdí. Me descarrilé por completo y me quité de la universidad”.
En 1997 llegó a la organización sin fines de lucro La Tierra Prometida para recibir ayuda. Empezó como participante, pero con el tiempo se convirtió en líder y hasta llegó a administrar el hogar y presidir la organización. Estudió contabilidad y ayudó a elevar las empresas sociales de La Tierra Prometida, incluyendo las fincas de productos agrícolas orgánicos e hidropónicos. Dichas empresas crean oportunidades de empleo para los participantes graduados —exadictos, exdeambulantes, hombres que han tenido grandes dificultades en sus vidas que limitan sus opciones laborales. A la vez, generan ingresos para sostener los servicios a nuevos participantes. Gracias a su compromiso y calidad, las empresas de la organización tienen como clientes y amigos a muchos restaurantes y hoteles del área oeste de la Isla.
José quedó fascinado con el mundo gastronómico, particularmente con la panadería. Deseoso de llevar su experiencia a otro nivel, en el 2008 completó un certificado en panadería internacional artesanal en el French Culinary Institute de Nueva York. Cuando La Tierra Prometida estableció un mercado agrícola en la región, José no dudó en iniciar la producción de panes con varios participantes para venderlos en el mercado. También empezó a ofrecer cursos de panadería en la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla. Pero quería más.
Fue así como fundó Levain Artisan Breads, una empresa especializada en panes artesanales en la tradición europea (en francés, levain es un tipo de levadura).  Sus productos se consumen en restaurante y hoteles de la región. También están disponibles también en los mercados agrícolas del oeste, y pronto estarán a la venta por Internet.
Para José, la panadería es una ciencia muy afín con su personalidad y su interés por los números. “Como matemático y contable, lo que me gusta es que esto es preciso, matemático, una fórmula exacta”, explica. Pero también tiene su arte. “Los panes me ayudaron a desarrollar paciencia, perseverancia. Yo organizo el proceso, pero hay unos microorganismos que hacen lo suyo para que el pan crezca y crean un alimento. Después que yo hago lo mío, tengo que esperar. Lo menos que se tarda es de tres a cuatro horas”, abunda.
Hoy José sigue haciendo planes para su negocio y continúa como colaborador de La Tierra Prometida. Al pasar balance de su vida, no puede dejar de invitar a desarrollar optimismo y perseverancia. “Me considero un optimista, a pesar de todo. Los límites más grandes son los que uno se pone. Yo hasta temí por mi vida. Pero la experiencia negativa me dio herramientas para trabajar con otros. Por más negativo que parezca, de todo  se aprende y se crece.”
A quienes se encuentren en encrucijadas y dificultades, José les recomienda “la terapia de la realidad”: hacer un análisis sincero de dónde están y dónde desean estar. Pero una vez hecho el análisis, dice, “no hay que contemplarlo demasiado. Hay que lanzarse y no ponerse límites. No hay que mirar lo que no tienes. Vamos nosotros a crearlo”.

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