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Ante un futuro incierto, mantener la esperanza

A sus 15 años, José Javier Oquendo se paseaba con su corrillo por las calles de Punta Santiago, Humacao, sin ninguna certeza, ni preocupación, respecto a su futuro. Con uno de los niveles más altos de pobreza del País, las expectativas no eran altas ni para el barrio ni para sus jóvenes.

Oquendo y sus tres hermanos se criaron con una madre luchadora, que trabajaba de sol a sol limpiando casas y restaurantes, y con su padrastro, a quien describe como un policía extraordinario que murió en las garras del alcoholismo. Su madre le inculcaba los valores de la iglesia, pero la cultura de la calle era muy fuerte.

Dice que hubiera sido uno más en la calle, a no ser porque una monja, la hermana Nancy Madden, se fijó en su potencial. Quienes los conocen, todavía escuchan en el vecindario los cuentos de Madden sobre el adolescente flacucho, tímido y callado que siempre estaba sonreído, aunque estuviera en problemas. Ella lo guío a experiencias como la Escuela de Líderes Juveniles  de la Diócesis de Caguas y al Programa de Educación Comunal de Entrega y Servicio (PECES) que se gestó en Punta Santiago.

Como uno de los primeros participantes de PECES, Oquendo se formó en destrezas de liderazgo y resiliencia que ayudaron a formar su carácter, personalidad y empeño de superación. Logró graduarse de escuela superior e ingresar a la Universidad de Puerto Rico. Sin embargo, “las opciones de la calle”, como les llama, lo distanciaban de las metas académicas, que estuvieron en peligro cuando murió de cáncer su padre natural.

Las mismas calles que pudieron ser su perdición fueron su salvación. Oquendo se comprometió de lleno el desarrollo comunitario y con PECES, en donde encontró la esperanza de un futuro mejor potenciando a jóvenes como antes PECES hizo con él. Inspirado por Punta Santiago y PECES, terminó un Bachillerato en Trabajo Social Comunitario, una Maestría en Consejería Matrimonial y Familiar y otra Maestría en Ciencias con especialización en Administración de Organizaciones Sin Fines de Lucro. En Punta Santiago se casó y ha hecho su vida con su esposa y dos hijos. Hoy es presidente y principal oficial ejecutivo de PECES, que ahora se destaca como una organización educativa con perspectiva comunitaria, humanista y de empresarismo social.

Ha sido un colaborador en la solución de los problemas sociales de Punta Santiago, como ayudar en los trabajos de acreditación de la Escuela Superior PECES y la Escuela de la Comunidad Agapito López. Frecuentemente comparte la trayectoria de PECES en espacios como el Foro Internacional sobre Estrategias para Erradicar la Pobreza a través de la Banca Comunitaria, la Alianza para la Educación Alternativa y la Alianza para el Desarrollo Económico Comunitario.

“Ante un futuro incierto, hay que dirigir nuestra mirada hacia un futuro de esperanza, solidaridad y fe de que el mañana depende de nosotros, de nuestro esfuerzo y de nuestro empeño por hacer de nuestro Puerto Rico un mejor lugar para vivir”, reflexiona sobre sus vivencias personales y comunitarias. “Confiamos plenamente en Dios de que si nos unimos en esfuerzo con amor y esperanza podemos lograr un mundo mejor. Desde nuestra experiencia comunitaria podemos decir con certeza que si nos unimos podemos echar pa’lante no solamente a nivel individual, sino solidariamente a nivel colectivo”.

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